El blog de Enovit
Degustación para futuros profesionales del vino.
· INUE Universidad
En el mundo del vino, la diversidad es la mayor fortaleza. Cada región productora ofrece una expresión única de su terroir, su cultura y su tradición vinícola. Por eso, si aspiras a trabajar profesionalmente en esta industria, degustar una amplia variedad de estilos no es una sugerencia: es parte esencial de tu formación. Cada copa es una lección que moldea tu comprensión de esta bebida compleja e histórica.
Ampliar el horizonte del paladar
El paladar humano es sorprendentemente adaptable, pero, como cualquier habilidad, necesita entrenamiento. La capacidad de discernir sabores y aromas mejora con la exposición repetida y el estudio consciente de lo que pruebas: un Merlot de Burdeos puede ser radicalmente distinto de un Merlot del Valle de Napa, no solo por la región, sino por las decisiones tomadas en la bodega.
Con la práctica aprendes a distinguir un matiz de frambuesa de uno de cereza, o la huella del roble francés frente al americano. Esa finura no se logra leyendo: se logra catando con método, como explicamos en nuestra guía para degustar vino como un sommelier.
Comprender el terroir
El terroir es la interacción entre el lugar y la vid, y cómo esa relación produce características reconocibles en el vino:
- El suelo: su composición mineral, estructura y capacidad de retener agua influyen en el vigor de la planta, la maduración de la uva y el perfil final del vino.
- El clima: determina el sol, la lluvia y el viento que recibe la vid. Los climas cálidos tienden a dar uvas con más azúcar y vinos más robustos; los frescos conservan acidez, ideal para espumosos.
- La topografía: la pendiente y la orientación del viñedo afectan la exposición solar, la circulación del aire y el drenaje, factores que tratamos a fondo en ¿dónde plantar mi viñedo?
- La mano humana: la variedad elegida, la poda, el momento de cosecha y la vinificación pueden magnificar o atenuar la expresión del lugar.
Degustar vinos de terroirs distintos te permite reconocer estas influencias y, sobre todo, contar la historia que hay detrás de cada botella.
Apreciar las técnicas de vinificación
Entre las decisiones cruciales del enólogo está el recipiente de fermentación: el acero inoxidable conserva la fruta, el roble aporta notas tostadas o de vainilla, y el concreto ofrece una oxigenación suave y uniforme. Después viene la crianza: los vinos jóvenes muestran fruta viva, mientras que los añejos desarrollan aromas terciarios como cuero, tabaco o tierra húmeda. La maceración, por su parte, define la extracción de taninos y con ella la astringencia y la longevidad del vino.
Solo catando vinos elaborados con técnicas diferentes aprendes a reconocer en copa lo que ocurrió en bodega, un puente entre la práctica sensorial y la ciencia de la fermentación del vino. Ensenada y el Valle de Guadalupe son un laboratorio privilegiado para ello, y es justamente donde la Licenciatura en Enología y Viticultura de INUE forma a sus estudiantes con un enfoque basado en la práctica.
Ganar perspectiva histórica y cultural
El vino es un testimonio líquido de la tierra, la gente y el tiempo. Su elaboración acompaña a la civilización desde la antigua Georgia, pasando por Egipto, Grecia y Roma, hasta los monasterios europeos, una historia que recorremos en el vino en culturas antiguas. Regiones emergentes como el Valle de Guadalupe muestran cómo esa tradición sigue reinventándose: técnicas europeas dialogando con un terroir mexicano.
Mantenerse vigente, comunicar y ganar confianza
La industria del vino es dinámica: surgen regiones, técnicas y preferencias nuevas. Catar estilos diversos te mantiene al día y te da algo igual de valioso: vocabulario. Para comunicar el vino primero hay que experimentarlo, y esa fluidez es esencial para educadores, sommeliers y comercializadores por igual. De la experiencia acumulada nace también la confianza para presentar una carta de vinos, dirigir una degustación o defender una recomendación ante clientes y colegas.
En conclusión: la formación académica da la base, pero no hay sustituto para el aprendizaje que proviene de la degustación. Cada sorbo ofrece una lección, cada botella una historia y cada estilo una nueva perspectiva.
